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Luis Tardon

CUANDO RONCA MI PAPÁ

 

Cuando ronca mi papá, es como si un oso se hubiera escapado del zoo y hubiera venido a la habitación de al lado buscando miel. Y debe tener mucho hambre porque…

 

Cuando ronca mi papá, mi hermanito Leo se pone muy contento y hace los coros con su llanto. Yo me despierto y ya no quiero dormir, solo jugar. Y las 2 de la mañana se convierten en una fiesta divertidísima en la que todos menos mi mamá estamos de celebración.

 

Cuando ronca mi papá, mi mamá, aunque dice que no, le acompaña. Mi tita Mabel, que un día se quedó a dormir en casa, dice que son los Pimpinela de los bufidos.

 

Cuando ronca mi papá, es como si nos hubiéramos dejado las ventanas abiertas de par en par y de repente hubieran entrado Toby, Manchas o Colmillos. (Mis huracanes tienen nombre de perro, no de mujer)

 

Cuando ronca mi papá y despierta a mi mamá, ésta empieza a hacer un ruido que solo hace cuando intenta callarle. Así como “dick, dick, dick” muy rápido. Nadie lo sabe, pero ese ruidillo también sirve para que los miedos no entren en tu habitación y para que empiecen a caer chocolatinas del cielo. Así, de repente.

 

Cuando ronca mi papá deja de respirar un buen rato. Si hicieran una olimpiada de submarinismo dormido, estoy segura de que se llevaría la medalla de oro.

 

Cuando ronca mi papá, a mi mamá le salen sombras negras debajo de los ojos. Y cuanto más ronca, más grandes son.