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Luis Tardon

El Síndrome del “Pero”

 

Definitivamente, la vida no me iba bien. Mi mala racha ha venido para quedarse y lleva ya unos cuantos meses haciéndome compañía. Es normal que alguna cosa no salga como tengas previsto, pero en mi caso, todo, absolutamente todo, es un auténtico desastre.

Y en todos los fracasos de mi vida, tengo el mismo compañero de viaje: la palabra “pero”. Por eso, para evitar tanto traspiés y malos ratos, mi cerebro ha creado una especie de mecanismo de defensa que consiste en sustituir la frase posterior a la palabra “pero” por distintos sonidos que intentan minimizar el inminente dolor. Sonidos que solo puedo escuchar yo, claro.

Por ejemplo, el otro día, cuando mi novia estaba dejándome: “Juan, te quiero mucho, pero… “ empecé a escuchar a Chiquito de la Calzada susurrándome al oído sus expresiones más célebres con “Te das cuen” y “Jarl” incluidas.

O en la entrevista de trabajo, cuando el responsable de recursos humanos me miró a los ojos para decirme: “Su currículum ha gustado mucho, pero…” retumbó en mis oídos el famoso grito de Tarzán saltando de liana en liana (aaaaahhhhhhhh).

O ayer, en el banco, cuando recibí la respuesta a mi solicitud de financiación para abrir un negocio: “Su proyecto de empresa nos ha resultado muy prometedor, pero…” oí a los Payasos de la Tele irrumpir en escena gritando “¿Cómo están ustedeeeeees?”

Sé que no es el remedio infalible para mis problemas, pero también reconozco que por lo menos me hace esbozar una sonrisa después de recibir cada nueva mala noticia, así que espero que este síndrome me acompañe durante muchos años más.